martes, 8 de enero de 2008

BASTA YA DE TANTOS DISPARATES QUE DIFUNDEN ODIO E IRRACIONALIDAD EN TACNA

Es un deber moral hacer frente a mentiras y disparates

La Real Academia Española (RAE) define la palabra Disparate como: “Hecho o dicho erróneo, absurdo, ilógico”, y es precisamente de palabras y frases disparatadas que trataremos en el presente articulo. Pero antes una advertencia, este articulo no es un ataque personal a quien dice disparates diariamente en una radio local, es más bien una crítica constructiva a los dichos erróneos, ilógicos y absurdos que se dice impunemente, con una convicción que parece corresponder a un fanatismo sectario y peligroso. Algunos de los disparates que citaré y que han sido repetidos una y otra vez por quien presume de intelectual y adalid de la “cultura”, le provocaran a usted estimado lector, una sonora carcajada, incredulidad, indignación o asombro. A mi personalmente me provoca temor. Sí, temor a que jóvenes o niños crean en estos dichos absurdos y los incorporen en sus pensamientos, en su psiquismo. Las consecuencias a largo plazo son impredecibles, mientras más inmadura sea la mente del individuo expuesta a palabras ilógicas y absurdas, más se fijan en su mente, influyendo en sus actitudes y comportamientos. Pensamientos absurdos generan actitudes y conductas absurdas. He allí mi temor como profesional de la psicología. Temo ver a niños y jóvenes tacneños impulsados a cometer actos absurdos porque desde tempana edad fueron “bombardeados” por dichos y frases absurdas e ilógicas.
Cuando la propaganda de odio se dirige a la mente de niños, adolescentes o adultos, tarde o temprano termina convenciendo a una parte de aquellos, a los más susceptibles a las fantasías o al odio. Recuerde que el resentimiento y la frustración son la base psicológica donde los prejuicios y los estereotipos raciales o religiosos se fijan con fuerza. En publicidad esta táctica se denomina “el martillo”, y consiste en repetir y repetir frases y conceptos que a la larga terminan “fijándose” en la mente humana. Luego, al cabo de algún tiempo, el individuo repite sin reflexionar dichas frases asumiéndolas como verdaderas, sin cuestionarlas, sin dudar de ellas; y las asume, sin recordar siquiera cómo dichas frases o conceptos llegaron a su mente.
Estas tácticas son muy usuales en regimenes fascistas. En Alemania de Hitler, por ejemplo, el maestro de todos los propagandistas políticos de la historia, Joseph Goebbels, fue el artífice de que la mayoría de la población alemana, desde niños hasta ancianos, creyeran a pie juntillas la propaganda de odio contra los “parásitos judíos”, “los delincuentes gitanos”, “la superioridad de la raza aria”, “la sangre alemana es superior a todas las demás”, “nuestra raza, nuestro pueblo merece gobernar el mundo”, “los judíos son culpables de todo”, etc. La mayoría le creyó, unos pocos permanecieron incrédulos (pensaron por sí mismos) y otro sector de la población alemana llevaron esas frases a la acción. Citaré a continuación un episodio ocurrido en Alemania nazi en el año 1941 a Armin Lehmann, entonces un muchacho de 12 años y que lo narra en su libro “En el Bunker de Hitler: Testimonio de un niño soldado que vivió los últimos años del Führer”. El episodio lo cuenta así: “Vi a una anciana ciega judía, a quien los nazis le habían quitado su perro lazarillo, tratando de cruzar la calle, fui a ayudarle y cruzamos la calle. Un desconocido, tal vez dos o tres años mayor que yo, saltó de su bicicleta y me dio un puñetazo en la cara. Me gritó: - ¡No ayudes a la cerda judía!. Trate de defenderme y nos trabamos en una fuerte pelea!”. Este episodio nos demuestra como niños o adolescentes pueden ser influenciados por una ideología perversa, infame, asesina. Dicha ideología pretende afincarse aquí en la ciudad de Tacna, ciudad de pensadores e intelectuales tan ilustres por su sapiencia, inteligencia, tolerancia y respeto a los demás: Francisco de Paula Gonzáles Vigil, Jorge Basadre Grohmann, Rómulo Cúneo Vidal, Fortunato Zora Carvajal, José Jiménez Borja, entre otros.
Veamos ahora algunos disparates pronunciados en una radio local con tanta convicción que asusta, que sorprende: “El fútbol lo inventaron los masones para distraer a la población mundial mientras ellos elaboran estrategias para dominar el mundo”; “El terremoto que hace tres meses afectó las provincias de Pisco y Chincha fue provocado por un rayo que desde un satélite espacial fue disparado por judíos sionistas para destruir al Perú”; “A toda la población del mundo, los judíos sionistas le implantarán un microchip en el cerebro para controlarlos y dominarlos completamente”; “El símbolo aprista, la estrella, representa al sionismo internacional, puesto que el APRA es un invento judío”; “El marxismo y el capitalismo son creaciones judías”; “ningún judío murió en los campos de concentración nazis”, sigue un largo etcétera.
La historia nos ha dado lecciones suficientes que no se deben repetir. Basta de sembrar el odio racial o religioso. No es posible continuar siendo portavoz del odio en Tacna. Hacer apología al odio racial no es constructivo. Predicar odio diariamente, tratando de convencer a niños y adolescentes en edad escolar, organizándolos en grupos para ideologizarlos sobre la base del odio y los prejuicios no es ético y no es cristiano. Quien así lo hace no es padre, ni madre, no tiene sentimientos, o sufre de una severa perturbación mental.
Este artículo es un desafío intelectual para quienes siembran el odio. Desafío es para quienes dicen ser cristianos. Espero que mañana no aparezca mi nombre en una portada de un quincenario local tachado de narcotraficante, ladrón, masón o judío encubierto. Quienes se dicen cristianos no deben obrar de esa forma. Confío en que aquellos que se sientan aludidos por este artículo sean consecuentes con su prédica cristiana: No venganza, no calumnia, no persecución.
Rafael Enrique Azócar Prado